“…El mar —la mar—, como un himen inmenso,
los árboles moviendo el verde aire,
la nieve en llamas de la luz en vilo…”
Blas de Otero.

Hace unos días, en una de esas tertulias, llena de todo tipo de profesionales y carente de todo profesional de la educación, cuyo único fin es solucionar de modo ridículo y simple el futuro de nuestro sistema educativo, tuve la desagradable experiencia de escuchar a uno de estos tertulianos (responsable además de uno de los grandes medios de comunicación nacionales) un despreciable ataque contra la asignatura de Conocimiento del Medio, a costa de una desmesurada defensa del reconocimiento exhaustivo del medio natural de países foráneos.

Podría haber atacado por muchos y muy distintos motivos dicha asignatura, motivos no muy diferentes de aquellos que nos pueden llevar a atacar cualquier otra de las asignaturas de nuestro currículum escolar. Libros con alguna que otra errata, contenidos ligeros, nula interconexión con los contenidos de otras asignaturas,…Pero, atacar dicha asignatura, por el abordaje que lleva a cabo sobre el conocimiento de nuestros recursos naturales, me dio a entender el analfabetismo educativo que poseen muchos de los que acaban implantando opinión pública en nuestras comunidades.

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Está claro que muchos de estos, no conocen dos de los principios más básicos de cualquier proceso de enseñanza/aprendizaje, la funcionalidad y el significado de los contenidos estudiados por los discentes. La funcionalidad se refiere a la utilidad o aplicabilidad que poseen los contenidos dentro de la vida del alumno. La significatividad, a la probabilidad de integración, en la estructura cognitiva de los chavales, que poseen dichos contenidos. Es decir, si tratamos contenidos sobre especies vegetales protegidas, por ejemplo orquídeas, es mucho mejor abordar especies autóctonas en peligro, con las que nos topamos a menudo en nuestras excursiones familiares al entorno natural más cercano, y que solemos arrancar o pisar sin ser conscientes del daño que hacemos; en lugar de abordar el estudio de las especies de orquídeas amazónicas, que se encuentran en peligro de extinción.

Yo puedo llegar a entender, que en un mundo como el nuestro, preocupado más por las formas que por el fondo, un mundo en el que triunfa la etiqueta de origen en lugar del producto, un mundo acomplejado aún por aquellos principios de la antigua educación burguesa, cuya principal preocupación era parecer inteligente o culto, en lugar de serlo; es mucho más importante parecer que uno domina conceptos globales de cultura, dando la sensación de ciudadano versado y viajado, en lugar de ser un ciudadano, formado, educado y sensible a todos aquellos elementos y detalles cotidianos que forjan su vida, a pesar de no contar con el atractivo de ser elementos al alcance de unos pocos. Un ciudadano, consciente y responsable de sus actos sobre el medio que le rodea y de sus relaciones con el resto de seres vivos e inertes, con los que comparte espacio vital. Pues al fin y al cabo, toda su vida depende y es una consecuencia de ellos.