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“Alimento para crecer y ser mejor,
como una Revolución
que hace de cada día
el comienzo de una nueva victoria.”
Gioconda Belli

Me sorprende mucho, cuando sentado en medio de una tertulia, alguien lanza hacia otro, esa mágica frase de, “son un grupo sin valores”. Y me sorprende mucho, porque a día de hoy, no me he topado con nadie que no posea valores, eso sí, me he topado con muchas personas con las que no comparto ciertos valores, al igual que ellos no comparten conmigo alguno de sus valores.

Esta habitual confusión entre, no tener valores y, no compartir valores, creo que es debida a nuestros escasos conocimientos filosóficos, y disposición para abordar dichos temas, reflejada en la exigua relevancia que posee esta asignatura dentro del curriculum escolar, limitándola, en el mejor de los casos, al estudio memorístico de un conjunto de autores. A esto se suma, la arraigada tradición, de un sector ideológico de nuestro país, por declararse poseedores de la verdad y auténticos valores, generando con ello, una imposición totalitaria y doctrinal, en muchas de nuestras escuelas, públicas y concertadas, de su credo.

Es sorprendente este abandono explícito de esta asignatura, a causa del importante papel que juega en el desarrollo persona y laboral de nuestros chavales, como ya hemos visto anteriormente, es clave en el desarrollo del autoconcepto, en el proceso motivacional, en la regeneración del contexto social, en nuestra salud mental o, en nuestras interacciones sociales. Aunque no es la primera época, en la vida del Ser Humano, en que existe este olvido intencionado por parte de las Instituciones y Autoridades dominantes. Sócrates o Séneca son ejemplos más que claros de esta maldita persecución, a esta ciencia del conocimiento, y a aquellos, que la profesan, enseñan y defienden.

Bien es cierto, que ha día de hoy, en este país no paseamos a los ciudadano dedicados a la enseñanza y formación de los jóvenes. Nuestras autoridades han encontrado métodos más discretos, e incluso efectivos, para arrasar e incendiar dicho campo de estudio. Prueba de esta sutil persecución ideológica, han sido los vergonzosos ataques llevados a cabo contra la asignatura de Educación para la Ciudadanía, o el nuevo ataque, a la asignatura de Ética. Privilegiando con ello la impartición de una tendencia religiosa, la cristiano-católica.

Estos ataques no quedan únicamente reflejados en nuestro itinerario escolar, sino que sus consecuencias se sienten, entre otras, en las políticas de igualdad, en las políticas económicas, en las políticas sanitarias y, sobre todo, en las políticas educativas, desarrolladas en cualquiera de los contextos vitales ocupados por el Ser Humano.

Siempre que alguien me pide consejo, para comenzar a disfrutar del estudio activo de la Filosofía (lectura, reflexión y debate, sobre las ideas abordadas), algo muy distinto al estudio memorístico sobre la vida de los autores más representativos de la historia de la Filosofía, que habitualmente se hace en nuestras escuelas; le recomiendo que comience por, Apología de Sócrates. En él queda reflejado el alegato de defensa desarrollado por Sócrates en su juicio a muerte, bajo las acusaciones de corrupción de los jóvenes (se le reprocha que les enseñe a pensar), el no reconocimiento de las divinidades oficiales de la ciudad (Sócrates era monoteísta).

En su conjunto es toda una joya, y sin duda una fuente inagotable de inspiración para debates familiares, escolares y sociales. Para este artículo he seleccionado un pequeño fragmento, la última petición de Sócrates a los atenienses que les juzgan, una petición para con sus hijos…

“que a mis hijos, cuando se hagan mayores, atenienses, les castiguéis importunándoles con aquellas mismas cosas con que os importuné yo a vosotros, si os parece que se preocupan del dinero u otra cosa antes que de la virtud; y si os parece que creen ser algo cuando no son nada, echarles en cara, como hice yo con vosotros, el hecho de que no se preocupen de lo que es necesario y que piensen que son algo cuando no son dignos de nada. Si hacéis esto, tanto yo como mis hijos habremos recibido un justo tratamiento por vuestra parte”.(1)

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(1). Platón. Apología de Sócrates. Menón. Crátilo. Traducción, introducción y notas de Óscar Martínez García. Alianza Editorial, S.A. Madrid.