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“Vivir el día de hoy bajo la enseña
del ayer deshaciéndose en mañana;
vivir encadenado a la desgana
¿es acaso vivir? ¿y esto qué enseña?”
Miguel de Unamuno

Englobada dentro del llamado conjunto de Habilidades Vitales, la gestión del tiempo, nos permite desde la gestión eficaz de los estudios, al aprovechamiento de las oportunidades de ocio y tiempo libre, pasando por la conciliación equilibrada entre el trabajo y otras áreas vitales, como puede ser la familiar. Es por eso, que siempre me ha llamado la atención su ausencia en el curriculum escolar.

Hay varios síntomas de su ausencia en el curriculum de nuestras escuelas, quizás, el más llamativo es la pésima planificación que realizan los alumnos en su gestión diaria del estudio autónomo. Nos permite constatar a diario, como se ocupan únicamente de realizar los ejercicios prácticos o deberes, posponiendo el estudio teórico de la asignatura al día previo del examen o proceso de evaluación. Conducta que genera graves lagunas en la compresión y dominio de los contenidos prácticos de las distintas asignaturas, facilitando además el rápido olvido de muchos de estos contenidos. Hecho que nos muestra muy claramente, dentro del aula y fuera de ella, la priorización de lo urgente (acabar hoy las tareas), sobre lo importante (comprender y dominar lo que estoy haciendo), uno de los principales problemas derivados de la gestión ineficiente del tiempo.

Este peligroso patrón de comportamiento se extiende cada día a mayor velocidad en el seno de nuestras familias, aulas, centros de trabajos y, en la planificación política de nuestras necesidades sociales, así tenemos que priorizamos la urgente recapitalización del sector bancario, frente a la vida, salud y educación de las personas de este país. Es por ello, que no podemos culpabilizar de dichas conductas a nuestros chavales, sino que hemos de constatar nuestro error de gestión y planificación, y reconducir nuestro comportamiento, para poder mejorar el suyo.

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Mirar hacia atrás en este asunto, para un educador, es ciertamente triste, pues esa mirada retrospectiva, muestra una vez más lo poco que hemos avanzado, en un asunto tan serio, a causa de los intereses espurios que acotan nuestro desarrollo personal y el desarrollo de nuestra sociedad. Abordar antes lo urgente que lo importante, nos priva de la meditación, el análisis y la reflexión, que requieren los acontecimientos que nos rodean, y su gestión para nuestro futuro. Adjetivando con ello, de ineficacia y conflictividad, a nuestras urgentes acciones.
Al abordar este tema en algunas de mis tertulias, suelen plantearme repetitivamente un extraño argumento, seguramente muchos de los que lean estas líneas puedan llegar a compartirlo. Me dicen:

– Hay urgencias que no pueden esperar.

– Es cierto, aunque eso no quiere decir que tengamos que someter las acciones importantes, a la dictadura de lo urgente -respondo yo, empleando como ejemplo, el caso de nuestros equipos médicos de urgencias y emergencias-.

Como todo sabréis, su trabajo les lleva a atender mil y una situación de vida o muerte, sin embargo, el orden de las acciones no lo dejan a la azarosa organización del momento, sino que entrenan una y otra vez, de modo regular a través de simulacros, el orden de ejecución de cada una de las acciones, en función de su importancia con respecto al fin, y no, priorizando su urgencia.

Uno de nuestros mayores pensadores, Cicerón, lo dejo muy bien definido en su libro De Civitas, “no es lo que haces, sino cómo lo haces”. Una frase que recuerdo constantemente a mis alumnos, mientras les enseño a manejar su agenda, una herramienta imprescindible para comenzar a desarrollar su competencia planificadora, y sus capacidades de autocontrol y autoevaluación. Otra gran herramienta para trabajar esta competencia es la asignatura de Filosofía, aunque su participación, la abordaremos en el próximo post.