Etiquetas

, , , , , ,

“mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en ti”
Mario Benedetti.

En el ámbito educativo, vivimos días inciertos, pendientes de una nueva reforma, rodeados de constantes ataques a los profesionales de la escuela pública, e inmersos en el oscuro abismo de la indiferencia hacia las necesidades específica de nuestro alumnado y sus familias. Asistimos atónitos a propuestas reformistas nacidas en lobbies financieros, y que son acogidas, en muchos casos, como un credo divino por nuestros máximos responsables.

Propuestas, que si bien distan mucho de poder ser llamadas educativas (recordemos que educar es, ayudar al otro a desarrollar sus capacidades individuales, para que pueda llegar a alcanzar ser, quien desea ser), son disparatadas, por ser antónimas las unas de las otras. Es decir, que por un lado nos proponen ampliar severamente el ratio de alumnos por docente, y a la vez, nos proponen generar una amplia población de “emprendedores”, algo que sin dudas, demanda una atención muy personaliza por parte del docente a sus chavales.

Pongo emprendedores entre comillas  ya que en estas propuestas no es empleada adecuadamente, tal y como la define la RAE (emprende con resolución acciones dificultosas), sino que es empleada con un amplio sesgo, a favor de los famosos mercados económicos y financieros (aquel que crea un negocio). No, quiere decir esto que tenga nada en contra de todo aquel que desee emprender un negocio, aunque sí, y en eso soy tajante, contra un sistema educativo, y una política educativa, cuyo fin es convertir los colegios, los institutos y los centros universitarios, en fábricas de “emprendedores”.

Esta aversión, procede de dos motivos, primero, porque en el hombre no hay ninguna capacidad llamada “crear negocios”, aunque sí, las capacidades para la recogida de información, procesamiento de dicha información, y la capacidad de elección para alcanzar un objetivo (combinando las tres, obtenemos el proceso de toma de decisiones). Capacidades a las que dedicamos muy poca atención, como muestran los índices de fracaso escolar en las materias de lengua, matemáticas y ciencias, recogido en los informes PISA. Capacidades, que en ningún momento, se han mencionado en esta corriente ideológica de crear “emprendedores”.

El segundo motivo, que me lleva a aborrecer este tipo de política educativa, son sus posibles consecuencias sociales. Todos sabemos que crear un negocio, no es una cuestión de actitud únicamente, sino más bien, es una cuestión económica. Y obviamente, no todos poseemos esa disposición monetaria, así pues, ¿qué futuro personal y social, podemos ofrecer, a aquellos formados únicamente como “emprendedores”, y no poseen disponibilidad económica para ello? ¿Generaremos una nueva burbuja financiera, relacionada con el emprendimiento?

D

Sin dudas, una de las principales funciones de nuestros Centros e Instituciones educativas, ha de ser, generar una ciudadanía crítica, responsable, consciente e implicada con su entorno, una ciudadanía capaz para afrontar sus problemas y dificultades, y sobre todo, para emprender sus posibles soluciones. Y esto se consigue, a través de procesos educativos y formativos, que permitan a nuestros hijos, alumnos, y trabajadores, conocer explícitamente las variables que facilitan tomar decisiones de modo consciente, reduciendo la incertidumbre y la ansiedad que suele provocar, la probabilidad de tomar decisiones equivocadas para nuestras vidas.
Algunas de estas variables son:

    • Conocimiento explícito sobre las posibles opciones o realidades entre las que elegir, y las posibles consecuencias derivadas de cada una de las elecciones.
    • Conocimiento explícito de los procesos emocionales que influyen y orientan nuestras elecciones.
    • Conocimiento explícito sobre nuestros mecanismos motivacionales y autocontrol.
    • Conocimiento explícito de otras ideologías y culturas (la cultura son las soluciones dadas por diferentes grupos humanos, a los problemas o dificultades ofrecidas por su entorno más cercano).
    • Conocimiento explícito del proceso de toma de decisiones, y su evaluación.

El camino ideal para ello, es introducir en nuestras sesiones diarias, preguntas específicamente relacionadas con estas variables, a la par que son presentados los contenidos curriculares. Algunas de estas preguntas podrían ser:

¿Qué dificultad estamos abordando? ¿Qué objetivos perseguimos con su resolución? ¿Cuáles son las variables implicadas en él? ¿Qué opciones tenemos para solucionarlo? ¿Cuáles nos interesan más y por qué? ¿Qué riesgos corremos al elegir una u otra alternativa? ¿Qué tipo de relaciones existen entre las distintas variables? ¿Qué fuentes de información podemos consultar para verificarlo?