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“señas esclarecidas
que, con llama parlera y elocuente,
por el mudo silencio repartidas,
a la sombra servís de voz ardiente…”
F. Quevedo

¿Quién no ha enseñado alguna vez, a uno de sus hijos, sobrinos o nietos, el fiero rugido del león, o el ronroneo mimoso del gato? Sin dudas que son momentos entrañables, llenos de gratificantes miradas, de intensas sonrisas de placer; gestos cómplices que fortalecen nuestros vínculos afectivos. Momentos destinados a la educación y comprensión por parte de los enanos de un lenguaje no verbal, que años después, trataremos de evitar, inconscientemente, que aprendan, con inocentes prohibiciones sobre sus miradas a otras personas o sus expresiones emocionales (especialmente sobre el llanto). Un lenguaje, que les demandaremos nuevamente en su vida adulta, en sus relaciones laborales, familiares o en aquellas generadas en su ocio y tiempo libre.

Este lenguaje no verbal, nos permite expresar más del 93% de la información que transmitimos en nuestras interacciones interpersonales, y en él se incluyen las expresiones corporales, la ubicación espacial que ocupamos, y la distancia que mantenemos con el resto de personas o elementos circundantes. Y, aunque si bien es verdad, que el comienzo de su estudio científico podemos remontarlo al libro, La expresión de las emociones en el hombre y los animales de Darwin, cualquiera que haya contemplado el conjunto escultórico de Laconte y sus hijos, puede llegar a entender, que las antiguas culturas conocían perfectamente este lenguaje.

Como bien han demostrado las diversas investigaciones desarrolladas desde distintas disciplinas científicas (antropología, psicología, psiquiatría, sociología o etología), sobre este tema, todas las civilizaciones, grupos o individuos humanos conocen y son capaces de reconocer este complejo lenguaje, debido a su naturaleza innata en el Ser Humano. Aunque al igual que otras capacidades humanas, no se libra de la influencia medioambiental generándose con ello pequeñas variables culturales relacionadas con las prácticas vitales de cada uno de los grupos.

Little girl practice reading

Vista la relevancia que tiene el desarrollo de esta capacidad en nuestras interacciones familiares, académicas o laborales, sigo sin entender que a día de hoy, su abordaje esté excluido del curriculum escolar, y en la amplia mayoría de los casos, de las programaciones del Departamento de Orientación.

Sería también una gran locura, pensar que el espacio ocupado por este post, es suficiente como para generar cualquier aprendizaje en este tema, sin duda, son contenidos que demandan una práctica diaria continua, para poder reconocerlos adecuadamente, y lo que es mucho más importante, para gestionarlos eficaz y eficientemente. Aunque sí, es espacio suficiente para indicar algunos gestos no verbales.

Por ejemplo ante una:

  • Clara expresión de tristeza (cejas elevadas y juntas en el centro de la frente, mirada baja y párpados caídos, mejillas levantadas, forma de herradura en el entrecejo), hemos de pensar que la persona nos está informando que algo importante ha sucedido, principalmente algún tipo de pérdida, y que sin dudas, necesita consuelo. Así que no iría nada mal por nuestra parte preguntar algo como ¿Te puedo ayudar en algo?
  • Clara expresión de ira (extremos interiores de las cejas en descenso hacia la nariz, labios apretados y tensos, ojos muy abiertos), deberíamos tender a evitar el enfrentamiento directo, tratando de explicitar al otro, las circunstancias que nos han llevado a tomar la decisión o elección que ha podido causar el enfado.
  • Clara expresión de unas pupilas ampliamente dilatadas, no podremos dejar de pensar, que lo ofrecido a la otra persona, ha despertado vivamente su interés. Un gesto que suele suceder muy a menudo en nuestros alumnos y en nuestros hijos, y al que damos, muy poca importancia.
  • Clara expresión de intentar tapar la boca (al sentir un picor repentino en la nariz), mientras nos aportan algún tipo de información, no podremos dejar de pensar, que la persona trata de engañarnos u ocultarnos la verdad.

Así mismo es un buen espacio, para recomendar la lectura de algunos trabajos publicados para divulgar todos estos contenidos:

  • El lenguaje del cuerpo, de Allan Pease y editado por Paidós.
  • La comunicación no verbal, de Flora Davis y editado por Alianza Editorial.