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“El mundo es como aparece
ante mis cinco sentidos,
y ante los tuyos que son
las orillas de los míos”
Miguel Hernández.

Miguel siempre ha sido uno de mis poetas favorito, hombre cargado de libertad, no dejo en ningún momento de defender para su hermano, para su amigo, para su vecino, la misma libertad que a él le permitía hablarnos de sus emociones, de sus sentimientos, de sus pensamientos. La misma esencia de su poesía, es la esencia de la habilidad social que hoy abordaremos, esa capacidad que nos mueve a expresar lo que sentimos, a defender activa y enérgicamente, nuestros derechos personales y sociales.

Cuando abordo este tema, el desarrollo de la asertividad en nuestros chavales, con los progenitores de mis alumnos o con algún compañero, siempre lo hago citando a Quintiliano, en concreto, un pequeño fragmento de Instituciones Oratorias:

“Si, para enseñar algo a un niño pequeñito, le castigas con azotes, ¿qué harás con un joven, a quien ni se le puede aterrar de este modo, y tiene que aprender cosas mayores?”

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Con ello siempre pretendo generar un vivo debate sobre algunas que otras prácticas, que a día de hoy siguen contando con un férreo apoyo social, y que sin dudas, fomentan muy poco las conductas asertivas que perseguimos fomentar en nuestros hijos o alumnos.

No deberíamos olvidar nunca, que la asertividad y el resto de habilidades sociales, son aprendidas a través de la interacción con las personas que nos rodean en nuestro día a día al observar sus conductas y la retroinformación generada por el entorno. Hecho que deberíamos tener presente, progenitores y docentes, en cada uno de nuestras interacciones, pues, aquellas conductas que día a día ofrecemos a nuestros chavales, serán tomadas como modelos conductuales para gestionar sus interacciones o relaciones con los otros. Es decir, que si educamos, en el presente, sus conductas desde el azote, el autoritarismo (algo muy distinto a la disciplina), el adoctrinamiento, o la imposición en función de los roles desempeñados; en su futuro, estaremos fomentando relaciones e interacciones fundamentadas y dirigidas desde el ejercicio de la violencia, el sometimiento, o la eliminación del otro.

Conductas que a día de hoy, saturan las cabeceras de nuestros informativos o tertulias educativas, políticas, laborales, o sociales, a raíz de las desagradables sorpresas que generan en nosotros, algunas que otras pautas de comportamiento, desarrolladas por miembros jóvenes y adultos de nuestra sociedad. Ejemplos claros de éstos son, el mobbing, la violencia de género, el desprecio de ciertos colectivos, el mantenimiento de ciertos privilegios para sectores concretos de la sociedad o la imposición de un sistema educativo excluyente a través de legislaciones claramente injustas.

Para la amplia mayoría de estos problemas, nuestra respuesta actual desde las Instituciones Gubernamentales, ha sido casi siempre, la aplicación de programas correctivos o terapéuticos, frente al trabajo preventivo en las familias, los centros educativos y, resto de organizaciones sociales. Una práctica muy alejada de aquellas antiguas conductas, desarrolladas desde el mundo de la filosofía y la pedagogía, por diferentes autores y personalidades, quienes legaban como un autentico tesoro a sus vástagos, testamentos vitales, destinados a la formación en valores y conductas asertivas. Así Aristóteles escribió para su hijo, Ética a Nicomaco, y continuando su ejemplo, Cicerón, redactó para Marco, su hijo, una larga carta titulada, Sobre los Deberes, destinada a fomentar y desarrollar sus compromisos personales y sociales, desde la práctica continua de la virtud y la ética.

No estoy diciendo con esto, ni lo pretendo, que simplemente los grandes pensadores, como los citados en el post, son los indicados para la formación asertiva de nuestros jóvenes. Sino que, simplemente trabajaremos adecuadamente la asertividad conductual de nuestros hijos y alumnos, cuando seamos conscientes de los ejemplos comportamentales, que a diario, les ofrecemos en nuestras interacciones con ellos.

Algunas pautas de acción que nos ayudaran en esta tarea son (1):

    • Respetar sus ideas y utilizarlas cuando sea conveniente.
    • Destacar lo positivo y no reforzar lo negativo.
    • Demostrar interés por lo que dicen y hacen.
    • Mostrar entusiasmo por las acciones o tareas desarrolladas.
    • Ayudarles a identificar sus propias dificultades.
    • Enseñarles a descubrir qué estrategias son más adecuadas para solucionar sus problemas.
    • Delimitar claramente las responsabilidades de cada miembro de la familia o del grupo así como sus limitaciones.
    • Invitarles a que participen activamente en la elaboración de normas de convivencia.
    • Ayudarles a comprender las consecuencias de su comportamiento.
    • Hacerles saber explícitamente que se espera de ellos.
    • Dialogar con ellos sobre valores.

(1) Martínez González, Mª. C.; Quintanal Díaz, J.; Téllez Muñoz, J. A. (2002) La orientación escolar. Fundamentos y desarrollo. Madrid. Dykinson.