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“Cuando pienso en ti,
enrojecidos encinares
acarician, la frágil
bruma de la noche.”
Raúl Antúnez Horcajo

Me suele gustar guardar silencio, mientras, vagabundeando, recorren mis ojos todo cuanto me rodea. Un silencio ficticio, pues dentro de mí, las preguntas van inundando mi mente, ¿Qué pensará esa hoja de cinta acariciada por el sol? ¿Cuál será la sensación de los tréboles, al sentir el cálido vaivén del viento? ¿Qué sentirías tú, si mi mano estuviese acariciando tu espalda, como hacen los sépalos con el tierno pétalo? Una silenciosa conversación que me ayuda a explorarme, una silenciosa conversación que me ayuda interpretar, la información contenida en tus ojos.

Y es que, al fin y al cabo, todo cuanto llega a nosotros, y todo cuanto sale de nosotros, es un mensaje, el inicio de una conversación, un balsámico diálogo entre el apasionante universo que nos rodea y nuestro pequeño mundo interior. Un diálogo que nos acerca a los otros, que nos invita a conocerlos, y a conocernos; un diálogo que nos aproxima al éxito personal y profesional. Un diálogo guiado por unas habilidades, que pocas veces se nos permiten desarrollar adecuadamente, limitando con ello nuestra experiencia vital, arrebatándonos un importante pedazo de ese bienestar vital que perseguimos en cada una de nuestras acciones.

Y normalmente no las trabajamos adecuadamente, porque son contenidos no específicos de ninguna materia curricular, componentes cotidianos, desapercibidos y simples de cada una de nuestras acciones, generando con ello, una brutal infravaloración por parte de la amplia mayoría de agentes educativos, inconscientes del importante papel que juegan para el futuro y el éxito de nuestros chavales. Bien es cierto que, en el ámbito de la formación continua ocupacional suelen trabajarse algo, y que algunos de los actuales libros de primaria (lengua y literatura) las recogen como contenidos adicionales, aunque continúan trabajándose como cualquier otro contenido curricular, es decir, desde la teoría y no desde la puesta en práctica.

Para poder desarrollarlas adecuadamente, nuestro primer paso ha de ser, identificarlas de forma clara y específica y, resaltarlas frente al resto de contenidos, mostrando su proceso y ejecución. Es decir, hemos de observar nuestra conducta y modelarla, fomentando con ello modelos prácticos a nuestros jóvenes.

G

Dependiendo del autor al que se consulte, obtendremos un listado u otro, sobre las diferentes habilidades sociales. No es mi objetivo analizar todos estos posibles listados, ni tan siquiera divulgarlos, dicha acción demandaría mucho más espacio que el abarcado por este post. Así pues, aquí os dejo únicamente, aquellas que estimo más relevantes, y que suele trabajar día a día en mis clases:

    • Escuchar.
    • Intercambiar miradas.
    • Sonreír.
    • Mantener contacto físico.
    • Iniciar una conversación.
    • Mantener una conversación.
    • Formular una pregunta.
    • Dar las gracias.
    • Presentarse.
    • Presentar a otras personas.
    • Hacer un cumplido.
    • Pedir ayuda.
    • Participar.
    • Dar instrucciones.
    • Seguir instrucciones.
    • Disculparse.
    • Conocer los propios sentimientos.
    • Expresar sentimientos.
    • Comprender los sentimientos de los demás.
    • Expresar afecto.
    • Resolver el miedo.
    • Compartir algo.
    • Ayudar a los demás.
    • Empezar el autocontrol.
    • Defender los propios derechos.
    • Responder a las bromas.
    • Formular una queja.
    • Responder a una queja.
    • Resolver la vergüenza.
    • Arreglárselas cuando le dejan de lado.
    • Defender a un amigo.
    • Responder a la persuasión.
    • Responder al fracaso.
    • Enfrentarse a los mensajes contradictorios.
    • Responder a una acusación.
    • Prepararse para una conversación difícil.
    • Tomar decisiones.
    • Discernir sobre la causa de un problema.
    • Establecer un objetivo.
    • Determinar las propias habilidades.
    • Recoger información.
    • Resolver los problemas según su importancia.