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“Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte…”
Jorge Manrique.

Comentábamos la semana pasada, que tras años de sobrevaloración del CI, hemos terminado reduciendo el concepto de inteligencia a la siguiente proposición, la inteligencia es una medida escalar innata, apenas modificable a través de la experiencia contextual del individuo. Generando con ello, un absoluto abandono en el desarrollo educativo de procesos cognitivos superiores que conforman la llamada capacidad intelectual, o capacidad de análisis y resolución de problemas, a través de la elaboración, modificación o manipulación de productos y objetos.

Uno de estos procesos superiores, quizás el más demandado en nuestros alumnos e hijos, es el proceso reflexivo que pretende la búsqueda activa de una solución, a través de la planificación de distintas acciones o conductas, permitiendo al individuo eliminar la distancia entre la situación de partida y la meta deseada. Es decir, el proceso cognitivo denominado, pensamiento, fundamentado en base a procedimientos de razonamiento deductivo e inductivo, y la categorización de los elementos contextuales.

Estos procedimientos podemos definirlos como:

  • Razonamiento deductivo: llegar a conclusiones particulares partiendo de informaciones o premisas generales. Por ejemplo, concluir que no aprobaremos una asignatura, al observar un gran índice de suspenso en compañeros de cursos anteriores.
  • Razonamiento inductivo: llegar a conclusiones generales partiendo de observaciones particulares. Por ejemplo, concluir que todas las aves ponen huevos, porque hemos observado que algún ave (gallinas) pone huevos.
  • La categorización: proceso inductivo que nos permite estructurar y clasificar nuestro entorno o contexto vital.

La validez de los tres procedimientos se verá afectada por la experiencia, creencias, expectativas, y conocimiento que poseemos sobre los elementos contextuales y las relaciones existentes entre ellos.

Little girl practice reading

Es más que evidente la importancia de estos procedimientos en la vida académica de nuestros jóvenes, la captación de información, su modificación y organización esquemática, son tareas realizadas a diario en nuestras aulas. Y qué decir de su importancia en el día a día laboral, familiar o comunitario de los miembros adultos de nuestra sociedad. Por ello, creemos que, fomentar estos procedimientos explícitamente dentro de nuestras aulas, así como, en nuestro día a día familiar, es algo esencial. ¿Cómo podemos hacerlo?

Nosotros apostamos por introducir las siguientes pautas comportamentales en los procesos educativos, desarrollados por docentes y progenitores:

    • Explicitar las relaciones existentes entre los elementos análogos presentados como objetos de estudio. Para ello resaltaremos especialmente los rasgos y atributos de cada uno de ellos.
    • Explicitaremos la secuencia de acciones u operaciones seguidas para resolver o transformar una tarea o proyecto, esclareciendo las diferencias existentes entre la situación de la tarea en el paso anterior y el último realizado.
    • Fijar objetivos concretos, fragmentando su consecución en metas intermedias para las que presentaremos, de forma sistemática soluciones, que serán evaluadas explicitando sus efectos o consecuencias, sobre el objetivo global planteado.