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“No importan los emblemas
ni las vanas palabras que son un soplo sólo.
Importa el eco de lo que oí y escucho.”
Vicente Aleixandre.

Si a día de hoy existe una facultad humana, a la que se mima constantemente, esa es sin dudas, la capacidad comunicativa. Smartphone, iphone, tablets, portátiles, ordenadores, televisores, radios, carteles de todo tipo, y serigrafías; rodean y asedian nuestros días, ofreciéndonos vínculos comunicativos, allí a donde vamos. Exceso, que muy a nuestro pesar, no ha servido para mejorar nuestras competencias comunicativas, ocasionando con ello, que quizás a día de hoy, nuestras habilidad o competencia interactiva sea la más deficitaria, en relación a las oportunidades ofrecidas por el entorno, de todas las desarrolladas por los diferentes grupos de humanos, que han compartido este precioso planeta.

Podemos, casi asegurar, que este apasionante viaje de desarrollo tecnológico, ha eclipsado el fin último de toda comunicación, conversar sobre sentimientos, ideas y deseos, intentando con ello, informar, enseñar, compartir, obtener, aprender, evitar, pedir, motivar, convencer o sugerir, a otros para que emprendan o inhiban una conducta. Siendo necesario para ello, escuchar, respetar, razonar, criticar, observar, valorar o considerar, la posición o perspectiva de nuestro interlocutor. Y muy a nuestro pesar, hoy en día, hemos ido dejando a un lado del camino la amplia mayoría de estas habilidades, convirtiendo nuestras conversaciones, en muchos casos, en un ruidoso diálogo sin contenido ni función.

Pudiera ser que más de uno esté preguntándose, ¿pretende Raúl, con esta exposición que, una vez finalizada la lectura del artículo, todos lancemos por nuestras ventanas, la totalidad de herramientas tecnológicas que poseemos? Obviamente, la respuesta es un rotundo no. El objetivo de esta reflexión es invitar, a todos aquellos que la lean, que la próxima vez que inicien un diálogo o se conecten a una red social, sean consciente que si comprenden que suele suceder en una conversación, poseerán la oportunidad de resolver o moderar eficazmente, problemas y conflictos acontecidos en su círculo de influencia.

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¿Qué necesitamos para ello? En primer lugar, demostrar activamente a nuestro interlocutor, la aprehensión de la información transmitida, ofreciéndole retroinformación acorde a los datos ofrecidos por él. Es decir, ejercer la tan nombrada, escucha activa. Manteniendo presentes, mientras conversamos, en nuestra consciencia los siguientes principios:

  • Evitar las innecesarias observaciones culpabilizadoras, suelen generar rechazo y posiciones autodefensivas. Es decir, frente al “ya te lo dije”, “nunca me haces caso”; hemos de emplear preferentemente, “avísame si puedo echarte una mano”.
  • Emitir información veraz, de nada nos servirá omitir nuestra verdadera opinión cuando somos preguntados por ella, con esas famosas “mentiras piadosas”, pues únicamente minan nuestra credibilidad.
  • Ser por encima de todo, explícitos y exactos en las palabras empleadas o datos que aportemos. Así evitaremos connotaciones o interpretaciones de nuestras palabras y juicios emitidos, que puedan tergiversar el mensaje transmitido. Es decir, frente a una frase del tipo, “has hecho un trabajo horrible”, es preferible emplear una frase del tipo, “en tu próximo trabajo, deberás respetar márgenes de 2,5 cm, en cada una de las hojas”.
  • Responsabilizarnos de nuestras opiniones, no asumir que el juicio emitido procede de nosotros, nos hace perder credibilidad y respeto. Es decir, emplear frases, con nuestros hijos o alumnos, del tipo “tu madre está preocupada por tus resultados”, “vuestros padres no se sentirían orgullosos, si viesen vuestro comportamiento en clase” o, “tu padre piensa, que no deberías regresar tan tarde”, nos privan de la autoridad que demandamos.
  • Valorar, a pesar de no compartirlas, las opiniones, sentimientos y juicios de nuestro interlocutor, empleando para ello en nuestros diálogos, estructuras del tipo, “estoy de acuerdo contigo en….sin embargo…”; nos permitirá gozar de conversaciones respetuosas o poco irascibles.
  • Mantener una postura, distancia y contacto ocular, cercano y adecuado a cada interlocutor. Sabiendo que reduciremos la distancia en función del nivel de intimidad que poseamos con nuestro interlocutor. La inclinación o aproximación corporal, sugiere empatía hacia nuestro interlocutor. Y que mirar al otro, muestra cercanía, mientras que apartar la mirada, entraña distanciamiento o falta de atención.

 

Fine D. (2009). Saber conversar. Madrid. Temas de hoy.