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“Tenía tan mala memoria que se olvidó
de que tenía mala memoria y
se acordó de todo”
R. Gómez de la Serna.

¿Quién no ha olvidado algo? O ¿quién no ha sufrido, tener la respuesta en la misma punta de la lengua, sin poder emitir dicho nombre? Incluso yo, acostumbrado ya a esos olvidos momentáneos, mientras elaboro este artículo miro de reojo una pequeña libreta verde, dónde suelo apuntar a modo esquemático ideas, con el objetivo de evitar, el olvido de compartirlas con vosotros. ¿Vejez?..No, procesos naturales, de una capacidad diseñada, para optimizar nuestra eficacia conductual.

Si contemplamos el panorama docente y formativo de los últimos años, podremos encontrar en multitud de Proyectos Educativos, o en las conversaciones cotidianas de algunos compañeros, padres y gestores, hirientes ataques contra esta capacidad por el inmenso abuso que de ella se ha hecho, en nuestros habituales procesos de enseñanza – aprendizaje. Sin embargo, no deberíamos olvidar que sin la memoria no existiría eficacia comportamental, ella es la que nos permite reconocer, e incluso evocar, las señales contextuales responsables de la activación o inhibición de nuestras acciones, adecuándolas y adaptándolas a las circunstancias actuales, en función de las experiencias previas. Entonces, si es una pieza clave en nuestros aprendizajes, ¿qué ha provocado tal cúmulo de ataques? Para mí, la respuesta es clara, hemos enseñado muy mal a nuestros jóvenes, la gestión de los recursos memorísticos y los conocimientos que estos posibilitan, de ahí, la necesidad de volver a redescubrirla, enseñándoles a trabajar eficazmente con ella.

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Mi primera acción, cuando trabajo este tema con algún alumno, es recordarle que podemos recuperar la información almacenada en nuestra memoria a través de dos vías, el reconocimiento y la evocación. El reconocimiento lo llevamos a cabo a través de algún elemento contextual o indicio asociado a la información almacenada. La evocación, consiste en la búsqueda activa en nuestra memoria de una información específica que procesamos en un determinado momento o experiencia. Sin dudas, la evocación es una tarea más complicada y dificultosa, a causa de la carente conexión, explícita o estructurada, con los elementos contextuales o indicios de las actuales circunstancias. Esta primera acción me permite a su vez, asentar con ellos un principio básico, la calidad de la información almacenada se verá condicionada por la complejidad o estructuración del proceso de codificación, y por el tiempo empleado para su procesamiento. Es decir, de nada nos servirá elaborar un extenso mapa conceptual, perfectamente estructurado, si para procesarlo dedicamos únicamente 1 minuto.

Los siguientes pasos, que empleo en este camino son:

  • Resaltar las interacciones entre elementos clave abordados en los procesos de enseñanza-aprendizaje, facilitando con ello su transformación en indicios para la recuperación de la información procesada.
  • Diseñar e integrar, en los contextos o procesos de enseñanza-aprendizaje, con el mayor mimetismo posible, las circunstancias o escenarios en que será recuperada la información procesada.
  • Promover la reflexión activa para identificar contextos o escenarios similares, donde la información procesada pudiese ser empleada parcial o totalmente.
  • Formación explícita en la elaboración y organización de la información que será procesada, instruyéndolos específicamente en la elaboración de mapas conceptuales y redes causales.
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