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“Que las estrellas, rocío;
que la calor, la nevada.
Se equivocaba.
Que tu falda era tu blusa;
que tu corazón, su casa.”
Rafael Alberti.

Desarrollar eficazmente una tarea o comportamiento específico, demanda de nosotros poner en marcha nuestra capacidad atencional. Esa capacidad que nos permite seleccionar, a través de la vigilancia del entorno y sus distintos elementos, los estímulos o paquetes de información necesarios, para desencadenar procedimientos de control (activación o inhibición) conductual.

En los últimos años se ha puesto muy de moda a través de la generalización, para todo tipo de conductas desinteresadas de alumnos, hijos o trabajadores, al emplear las famosas siglas del TDAH, para la nominación de todas ellas. He conocido últimamente también, una tendencia que me sorprende aún mucho más, que es achacar como causa de la conducta desenfocada de los hijos, algún trastorno del espectro autista. Ambos hechos son consecuencia directa de esa teoría implícita, mayoritaria en nuestra sociedad, que sitúa como único responsable del proceso atencional, al individuo que observa, olvidando por completo aspectos tan importantes, como las condiciones de exposición, la novedad o la relevancia de la información o elementos expuestos.

No podemos olvidar tampoco la función evolutiva del proceso (la selección de información para la acción), pues ese mandato, programado en los genes que construyen nuestro organismo, le reviste de varios sesgos naturales que optimizan sus resultados, aunque en ciertos momentos nos induce a graves errores. El primero referido a selección de los estímulos relevantes para nuestros fines, genera en nosotros tal estado de concentración en un único foco, que evita el procesamiento consciente de una gran cantidad de la información o objetos existentes a nuestro alrededor. Si seguís atentamente las instrucciones que os dejo en este enlace (http://bit.ly/UnWuKq), podréis realizar en clase o en casa, un sencillo ejercicio, que contribuirá a la mejora de los procesos de aprendizaje de vuestros hijos o alumnos. La clave está en conseguir contar todos los pases de balón, realizado por el equipo blanco.

El segundo sesgo, se denomina Inhibición de Retorno, evita que enfoquemos adecuadamente nuestra atención en un espacio o lugar, que hemos rastreado u observado recientemente. Es decir, fabricamos una capa de invisibilidad para la información o elementos situados en un espacio determinado, cuándo observamos por segunda, tercera o cuarta vez, ese mismo espacio. El ejemplo más claro viene dado por un refrán muy castizo, “si es un lobo, te come”, cuando tras horas de concentrado trabajo, no somos capaces de dar con las gafas, el bolígrafo o documento depositado en nuestro escritorio.

¿Quiere decir esto qué debemos desconfiar de nuestro proceso atencional? Para mí, la respuesta solamente puede ser un rotundo y energético, NO. Simplemente hemos de exigirnos conocer en mayor profundidad el funcionamiento y cualidades de dicho proceso. Nos ayudará a conseguir este objetivo, tener presente que su eficacia disminuye tras mantenernos concentrado durante un largo periodo de tiempo. Pudiendo recuperar su eficacia al alternar pausas y periodos de concentración.

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Si nuestro objetivo no es mejorar nuestra atención, sino mejorar la los procesos atencionales de nuestros hijos, alumnos o empleados, debemos de (1):

  • Obtener información precisa y detallada sobre la frecuencia de la falta de atención.
  • Identificar las situaciones que provocan la inhibición atencional.
  • Identificar las características o circunstancias contextuales, que pueden interferir en el proceso atencional.
  • Identificar los factores emocionales y bagaje de experiencias que pueden provocar la inatención de nuestros hijos.
  • Definir y establecer por escrito, en aquellas situaciones problemáticas, la conducta a realizar por el alumno, el momento oportuno para realizarla y, objetivo a alcanzar. Estas instrucciones deberemos entregárselas antes de la realización de la tarea.

(1) Granados García-Tenorio, P. (2003). Diagnóstico Pedagógico. Aprendizajes básicos, factores cognitivos y motivación. Madrid. Dykinson.