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“pero al entrar tu risa
sube al cielo buscándome
y abre para mí todas
las puertas de la vida.”
Pablo Neruda.
 

Es sencillo, sobre todo en estos días, ver como en todos y cada uno de los miles de anuncios que nos llegan al cabo del día sobre comida, política, automóviles, deportivos, etc, están plagados de guiños emocionales. Guiños pensados para facilitar nuestra identificación y cercanía con el producto vendido. Pues como hemos comentado en anteriores post, las emociones, son responsables de la ejecución, de la dirección y de la intensidad de nuestro comportamiento. Esta característica, las convierte en un inmenso catalizador motivacional, y es por ello que el último conjunto de estrategias motivacionales que veremos, sean las pertenecientes al componente de afectos.

Dentro de este componente se engloban, aquellas estrategias destinadas a generar, evitar o controlar, por parte del estudiante, emociones o sentimientos que pueden estar relacionados con su proceso de aprendizaje y las tareas que debe de desarrollar. Es fundamental que docentes y padres, conozcamos el influjo de las emociones en el comportamiento de nuestros chavales, pues una gran parte de las dificultades a la hora de llevar a cabo las tareas o deberes, parten de las emociones que dicha tarea genera en nuestro hijo o alumno. Grosso modo, podemos indicar como principales influjos conductuales, derivados de algunas de las emociones más comunes en los procesos de enseñanza-aprendizaje, los siguientes:

Emoción de miedo: aprensión, desasosiego, malestar, tensión nerviosa, preocupación y, cierta tendencia a evitar la tarea.

Emoción de ira: genera irritación, furia, odio, obnubilación o incluso violencia.

Emoción de tristeza: disminución de la energía y el entusiasmo por todo tipo de actividad.

Emoción de asco: necesidad de evitar o alejarse del objeto o tarea que provoca la emoción.

Emoción de alegría: aumenta la autoestima, la autoconfianza, y fomenta la disponibilidad para enfrentarse a nuevas tareas. Aunque no debemos olvidar, que estados muy intensos de alegría pueden disminuir el ritmo de ejecución y provocar faltas de concentración, aumentando el número de errores.

Emoción de sorpresa: aumento de la actividad cognitiva para identificar, analizar y valorar las situaciones novedosas.

Emoción de ansiedad: produce un estado de hipervigilancia atendiendo selectivamente o amplificando las informaciones consideradas como amenazantes, desatendiendo los estímulos neutros situacionales.

Emoción de humor: facilita la participación en actividades sociales, intensifica la confianza de la persona y, amortigua el estrés ocasionado por las demandas de la tarea.

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Conociendo estos efectos, nos es más sencillo entender el origen y empleo, por parte de los alumnos, de las siguientes estrategias:

  • Estrategia de control de la ansiedad: es empleada por el estudiante para enfrentarse a situaciones de importancia, como por ejemplo los exámenes, o tareas que presentan cierta dificultad, y así evitar ponerse nervioso.

Para evitar ponerme nervioso cuando realizo determinadas tareas académicas trato de centrarme y de no preocuparme por el resultado.

  • Estrategia de valoración: es empleada para obtener elogios sobre su capacidad, esfuerzo o trabajo, o bien evitar valoraciones negativas que pueda recibir. La valoración recibida será interpretada de forma distinta en función de la fuente de origen, variando el grado de satisfacción y orgullo obtenido en función de la significatividad del emisor.

Intento que los demás se den cuenta de que soy buen estudiante y me gusta que me lo digan. Así me siento más satisfecho.

  • Estrategia de comparación: es propia de estudiantes en los que prima la meta de rendimiento sobre la meta de aprendizaje, y en los que además el referente para determinar dicho rendimiento no está constituido únicamente por los resultados alcanzados.

Utilizo los malos resultados de los demás en sus estudios para compararme con ellos y así sentirme bien con mi rendimiento.

  • Estrategia de engaño: el estudiante genera la esperanza de no verse superado por los demás a través de diversas formas de engaño a sus compañeros.

Me esfuerzo en mis estudios pero intento que los demás no lo noten. Prefiero que mis compañeros piensen que mis notas son buenas porque tuve suerte o porque el examen era fácil.

  • Estrategia de autorrefuerzo: el propio estudiante se realiza halagos sobre su propia capacidad, esfuerzo o trabajo, e incluso se promete recompensas como el descanso, comida,…

Ante un ejercicio difícil me animo a mí mismo diciéndome que yo puedo hacerla, que voy a ser capaz de resolverlo seguro.

 
Suárez, J.M. y Fernández, A.P. (2004). El Aprendizaje Autorregulado: Variables Estratégicas, Motivacionales, Evaluación e Intervención. Madrid: UNED.