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“¿Quién puso, entre las rocas de ceniza,
para la miel del sueño,
esas retamas de oro
y esas azules flores del romero?”
Antonio Machado
 

A menudo, mientras imparto alguna clase o mantengo animadas conversaciones con mis alumnos, suele surgir una pregunta que, o bien anima el debate o bien genera el silencio, ¿cuál es la causa de este suspenso? Es una pregunta habitual, que no surge únicamente en este ámbito de mi vida, sino que habita habitualmente en las conversaciones con amigos, compañeros o conocidos, al tratar de averiguar la causa u origen de un acontecimiento.

Todos hemos respondido y hemos escuchado respuestas a esta pregunta, pues ni existe una respuesta única y perfecta para cada una de las acciones, ni existe una única respuesta por persona y acción, motivo por el cual, hemos denominado a todo este conjunto de opciones interpretativas sobre las causas de los acontecimientos, que experimentamos o conocemos por terceros, estilo atribucional.

Así, en función de la tendencia que presenten la amplia mayoría de las respuestas del individuo, para hacer responsable de los acontecimientos, a causas internas o externas a él, hablaremos de estilo atribucional externo o interno. Permitiéndonos a priorí, conocer la percepción que poseemos, sobre la influencia y el control ejercido en los acontecimientos diarios que envuelven nuestra vida.

El origen de cada uno de los estilos, creo que hemos de buscarlo, en dos fuentes de información, nuestras teorías implícitas sobre los acontecimientos y, nuestros conocimientos sobre el significado de causalidad y correlación entre los distintos acontecimientos. Las primeras se forman a raíz de la capacidad de aprendizaje, por procesos asociativos, innata y compartida por las distintas especies de seres vivos, que no implica ni intencionalidad ni consciencia por el aprendizaje, y que sin embargo, es el origen de gran parte de nuestras conductas y creencias. La segunda fuente de influencia sobre nuestro estilo atribucional, se encuentra en los conceptos de causalidad y correlación, es muy importante distinguirlos, pues uno nos indica el origen directo de un hecho, causalidad, y el otro simplemente nos indica la presencia contigua de dos hechos, correlación.

El segundo eje de este nuevo conjunto de estrategias del componente de expectativas, hace referencia a la percepción de autoeficacia que posee la persona. Es decir su creencia sobre cómo puede ejecutar (bien, regular, mal) la tarea realizada, obteniendo con ello éxito o fracaso. Creencias que sin dudas, condicionarán, nuestro desempeño personal y profesional.

Así en este conjunto de estrategias motivacionales, podemos encontrar las siguientes:

  • Estrategia de generación de expectativas positivas. El estudiante, recurriendo a tres tipos de referentes distintos: las experiencias personales en las que sí tuvo éxito, las características de la propia tarea y sus propias características, genera creencias y deseos positivos sobre su capacidad para superar exitosamente las actividades emprendidas.

Cuando tengo que hacer ejercicios o estudiar temas que me resultan muy difíciles, pienso en otros ejercicios o temas que parecían también dificilísimos y que al final pude resolver o aprender con éxito.

  • Estrategia de sandbagging. El estudiante, pese a confiar en sí mismo, suele plantear quejas sobre su propia capacidad, con la intención de deteriorar las expectativas que los demás tengan sobre él.

No me gusta sentirme solo, ni que me llamen empollón, por eso he estudiado poco y he suspendido el examen.

  • Estrategia atribucional interna/externa. El estudiante considera el resultado obtenido como fruto de una causa interna o externa. Se entiende que ha usado una estrategia atribucional adaptativa cuando atribuye su resultado de éxito o fracaso al esfuerzo empleado, pues el alumno asume sus responsabilidades. Y que ha usado una estrategia desadaptativa cuando no toma responsabilidades ante los propios fracasos académicos y sí ante los éxitos.

Para motivarme en las tareas y en el estudio, me digo a mí mismo que si tengo suerte conseguiré buenos resultados.

Suárez, J.M. y Fernández, A.P. (2004). El Aprendizaje Autorregulado: Variables Estratégicas, Motivacionales, Evaluación e Intervención. Madrid: UNED.