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“La felicidad, siendo la mejor y más bella de todas las cosas, es la más placentera.”
Aristóteles

Sentir que vivimos o hemos vivido de forma plena y satisfactoria, a pesar de su sencillez gramatical, entraña un complejo ejercicio de autoconocimiento, aprendizaje y desarrollo personal, ya que demanda de nosotros, saber reconocer nuestras propias emociones. Es un ejercicio constante en nuestra vida, pues desde que nacemos hasta que morimos, no hay ni un sólo segundo en el que dejemos de sentir.

Si además, añadimos a esta habilidad, la habilidad para reconocer las emociones o estados emocionales de quienes nos rodean y, la habilidad para autogestionar nuestras emociones, estaremos hablando de la llamada Inteligencia Emocional.

Una capacidad humana olvidada durante mucho tiempo de los proyectos curriculares en nuestros sistemas educativos, y que fue reinventada con el trabajo de Daniel Goleman. Una capacidad vital para el individuo, las organizaciones y las sociedades, por los efectos positivos que entraña en las relaciones inter e intrapersonales, la salud o el rendimiento de cada uno de ellos.

Esta relevancia radica en las funciones que poseen las emociones para la vida del Ser Humano, le permiten ejecutar eficazmente las conductas exigidas por el ambiente que le rodea y, le permiten predecir las posibles conductas a desarrollar por las personas con las que comparte su espacio vital.

Por ello, hemos de tener presente, la transcendencia que tiene para los miembros más jóvenes de los distintos grupos culturales,  una adecuada competencia emocional por parte de los individuos adultos, pues serán éstos, los encargados de moldear la materia prima que poseen desde el nacimiento, permitiéndoles configurar o no, una afinada y exquisita orquesta emocional.

Facilitar estos procesos de aprendizaje, requerirán del adulto poner en práctica distintos comportamientos en sus relaciones diarias con los niños, fundamentalmente deberán, permitirles expresar todas las emociones, hablarles de sus propias emociones, hablarles de modo natural de todas las emociones y su lenguaje no verbal, recordandoles que no existe un comportamiento determinado para cada una de ellas sino que es un aspecto a regular de forma autónoma por cada uno de los individuos o mostrar respeto por las emociones y sentimientos de los otros, ayudandoles a comprender los hechos y circunstancias que han podido desencadenarlas.