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“al final, oh amigos, estad seguros
de que suceda lo que suceda, allá en el horizonte,
en el confín de los confines,
veréis aparecer la ciudad dorada.”
Robert L. Stevenson.

Para continuar con el tema iniciado la semana pasada, el análisis de las estrategias motivacionales del componente de valor, he decidido comenzar con unos versos de Stevenson, es más, mientras escribo suena de fondo la canción del Pirata de Serrat; ¿quién no ha soñado alguna vez con su famosa Isla del Tesoro?

Todos poseemos distintas metas, conformadas a raíz de sueños y deseos, ninguno de nuestros ámbitos vitales se libra de ellas, metas personales, profesionales, familiares, académicas. Son como un mapa, y nos permiten evaluar la distancia existente entre nuestro estado actual y el estado deseado, influyendo, junto al contexto y la experiencia almacenada, en la dirección y contenido de nuestras conductas o comportamientos. Así pues, para poder comprender el comportamiento de nuestros hijos, alumnos, compañeros o familiares, debemos preguntarles siempre, cuál es la meta u objetivo que pretenden alcanzar.

Para facilitar este tipo de diálogos hemos de tener presente, a la hora de llevarlos a cabo, que una conducta puede responder a distintas metas y, que una meta puede corresponder a distintas conductas. Es decir, que para obtener un sobresaliente, un alumno puede copiar, invertir un esfuerzo extra en el estudio, o sobornar al docente para que le suministre las respuestas. Así mismo, una persona que normalmente realiza constantes llamadas de atención prefiere la compañía de los animales a la de las personas, piensa negativamente de sí mismo, su entorno, su raza; busca simplemente ser aceptado y sentir que es parte importante de un grupo familiar o escolar. No podemos olvidar tampoco el carácter escalar que poseen las distintas metas, es decir, que una meta entraña varias submetas, generando con ello que la meta u objetivo de ser feliz, conlleve submetas como poseer salud, fama o riquezas.

Si nos centramos en el campo específico de las estrategias motivacionales empleadas para alcanzar los objetivos académicos, podemos llegar a diferenciar cuatro orientaciones de meta:

  • Estrategia de orientación a metas de aprendizaje: el estudiante se impone como objetivo de su estudio el desarrollar sus intereses, el aprender cosas nuevas y gratificantes o el mejorar sus capacidades y habilidades.

Antes de iniciar una tarea suelo pensar que mi objetivo será el de aprender a resolver los problemas que me proponen.

  • Estrategia de autoensalzamiento del ego: el estudiante fija como objetivo de su conducta, ser mejor que los demás, obtener calificaciones más altas y demostrar sus capacidades y habilidades.

Me propongo como objetivo el contestar a preguntas o hacer tareas que los demás no saben, para así sentirme bien.

  • Estrategia de establecimiento de metas de autoderrota: el estudiante pretende evitar quedar mal o parecer poco capacitado ante compañeros, profesores o padres.

Procuro que mis compañeros no se den cuenta de mis errores.

  • Estrategia meta de evitación del esfuerzo: el estudiante intenta aprobar o realizar determinadas tareas, empleando el menor esfuerzo posible.

Selecciono aquellas asignaturas o tareas con las que pueda aprobar trabajando lo menos posible.

Suárez, J.M. y Fernández, A.P. (2004). El Aprendizaje Autorregulado: Variables Estratégicas, Motivacionales, Evaluación e Intervención. Madrid: UNED.

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